Testosterona y libido en la EII: salud sexual, músculo y vida en pareja

La testosterona y libido en la EII son dos aspectos fundamentales de la salud masculina que, con demasiada frecuencia, quedan relegados a un segundo plano. Cuando hablamos de enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa, solemos centrarnos en la inflamación intestinal, los tratamientos farmacológicos, la alimentación o los resultados de las analíticas. Sin embargo, estas enfermedades también pueden influir en el deseo sexual, las erecciones, la fertilidad, la autoestima y la manera en la que un hombre se relaciona con su pareja.
Imaginemos a un hombre que, después de varios meses de enfermedad activa, ha perdido peso, fuerza muscular y energía. Anteriormente entrenaba con regularidad, disfrutaba de sus relaciones sexuales y mantenía una buena percepción de su capacidad física. Ahora siente cansancio, evita determinados encuentros íntimos y comienza a preocuparse porque sus erecciones ya no son las mismas. Ante estos cambios, es comprensible que se pregunte si su testosterona ha disminuido o si su enfermedad está afectando a su sexualidad.
La respuesta no es sencilla, porque la testosterona y libido en la EII no dependen exclusivamente de las hormonas sexuales. La inflamación, el estado nutricional, el sistema nervioso, el sueño, los medicamentos y las circunstancias emocionales pueden interactuar e influir en el funcionamiento del organismo. Además, la forma en que interpretamos nuestros síntomas y los cambios corporales también puede condicionar la experiencia sexual.
Comprender estas relaciones permite evitar dos errores habituales: asumir que cualquier dificultad sexual se debe a la testosterona baja y pensar que basta con mejorar una analítica para recuperar automáticamente el bienestar.
A lo largo de este artículo analizaremos qué sabemos científicamente, qué cuestiones siguen sin resolverse y cómo podemos abordar la salud masculina desde una perspectiva integral, especialmente cuando vivimos con Crohn, colitis ulcerosa o una ostomía.
1. Testosterona y libido en la EII: ¿qué relación existe realmente?
La testosterona es la principal hormona androgénica del organismo masculino. Participa en el mantenimiento de diferentes funciones fisiológicas, como la salud ósea, la masa muscular, la formación de glóbulos rojos, el deseo sexual y determinados aspectos de la función reproductiva. Aunque con frecuencia se asocia exclusivamente con la musculatura o las erecciones, su actividad forma parte de una compleja red endocrina que necesita funcionar de manera coordinada.
La mayor parte de la testosterona circulante se produce en los testículos, concretamente en las células de Leydig. Sin embargo, esta producción no funciona de forma independiente, sino que está regulada por señales procedentes del cerebro. Por eso, las alteraciones hormonales pueden tener su origen tanto en los testículos como en los sistemas encargados de regular su funcionamiento.
Cómo se produce y regula la testosterona masculina
El proceso comienza en el hipotálamo, que libera la hormona GnRH. Esta señal estimula a la hipófisis para producir las gonadotropinas LH y FSH. La LH participa en la estimulación de las células de Leydig para producir testosterona, mientras que la FSH interviene en la función de las células de Sertoli, esenciales para la producción de espermatozoides.
El organismo también dispone de mecanismos de retroalimentación que regulan la liberación de estas hormonas. Parte de la testosterona puede transformarse en dihidrotestosterona (DHT) o estradiol, dos sustancias con funciones fisiológicas propias. El estradiol, por ejemplo, participa en la salud ósea masculina, por lo que no debemos considerarlo una hormona que deba reducirse indiscriminadamente.
Cuando hablamos de testosterona en una analítica, también debemos distinguir entre testosterona total y libre. Una parte importante de la hormona circula unida a proteínas como SHBG y albúmina. Por ello, determinadas alteraciones de estas proteínas pueden modificar la interpretación de un resultado, especialmente cuando los valores están próximos al límite inferior.
¿Tienen los hombres con Crohn o colitis más riesgo de testosterona baja?
Algunas investigaciones han observado concentraciones reducidas de testosterona en una parte de los hombres con enfermedad inflamatoria intestinal. Sin embargo, las cifras varían según la población estudiada, la actividad de la enfermedad, los tratamientos y los criterios utilizados para definir un resultado bajo.
Un estudio publicado en Inflammatory Bowel Diseases evaluó a 85 hombres con EII y encontró concentraciones de testosterona inferiores a 10,4 nmol/L en el 17,6 % de los participantes. Aunque se observó una asociación inicial entre actividad de la enfermedad y menor testosterona, esta relación dejó de ser estadísticamente clara después de ajustar por otras variables.
Este resultado no significa que aproximadamente uno de cada cinco hombres con EII necesite tratamiento hormonal. Una concentración reducida no equivale automáticamente a hipogonadismo clínico, y menos todavía cuando se obtiene durante una situación de enfermedad aguda, pérdida de peso o deterioro nutricional.
La relación entre testosterona y libido en la EII debe interpretarse dentro del estado general de salud, no a partir de una cifra aislada.
Puedes profundizar en los mecanismos hormonales y los criterios diagnósticos en mi artículo sobre testosterona y enfermedad inflamatoria intestinal.
2. Inflamación intestinal, sistema inmunitario y función hormonal
La enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa son enfermedades inflamatorias crónicas inmunomediadas. Su actividad se desarrolla principalmente en el aparato digestivo, pero los mecanismos implicados pueden tener repercusiones en otros tejidos y sistemas. Durante la respuesta inflamatoria participan diferentes moléculas de señalización, entre ellas citocinas como TNF, IL-1 e IL-6, que intervienen en la comunicación entre las células inmunitarias y otros componentes del organismo.
Algunas investigaciones experimentales indican que determinadas señales inflamatorias pueden interferir en la regulación hormonal o en la función de las células productoras de testosterona. Sin embargo, estos mecanismos no permiten establecer cuánto disminuirá la concentración hormonal de un paciente concreto. La intensidad de la inflamación, su duración, el estado nutricional y otros factores individuales modifican considerablemente la respuesta.
Cuando la inflamación también afecta a la recuperación física
Pensemos en un hombre que atraviesa un brote de Crohn acompañado de dolor abdominal, diarrea, pérdida de apetito y despertares nocturnos. Aunque la inflamación pueda relacionarse con alteraciones hormonales, buena parte de su deterioro físico también puede explicarse por la reducción de ingesta, el descanso insuficiente y la pérdida de actividad muscular.
Durante estas circunstancias puede aparecer un aumento del catabolismo, es decir, de procesos que favorecen la degradación de tejidos y reservas energéticas. Cuando el organismo no dispone de recursos suficientes para sostener sus necesidades, recuperar musculatura o mantener el rendimiento físico resulta más complicado. La pérdida muscular tampoco debe interpretarse automáticamente como una manifestación de testosterona baja, porque existen mecanismos nutricionales, metabólicos y farmacológicos que pueden producir resultados similares.
Por este motivo, al evaluar testosterona y libido en la EII debemos considerar tanto las posibles alteraciones endocrinas como los efectos indirectos de la enfermedad sobre el funcionamiento cotidiano.
¿Puede recuperarse la función hormonal al alcanzar la remisión?
En determinados pacientes puede producirse una recuperación de parámetros hormonales después de controlar una enfermedad inflamatoria grave. Existen estudios pequeños que han observado mejoras en las concentraciones de testosterona durante la recuperación clínica, aunque sus resultados no permiten garantizar una respuesta equivalente en todos los hombres.
También debemos tener en cuenta que alcanzar la remisión intestinal no elimina automáticamente otros problemas. Una persona puede mantener anemia, alteraciones tiroideas, apnea del sueño, obesidad o dificultades sexuales independientes de la actividad inflamatoria.
La prioridad debe consistir en evaluar correctamente el estado intestinal y las posibles causas coexistentes. Tratar la inflamación es importante para la salud general, pero la testosterona no es un tratamiento establecido para controlar Crohn o colitis ulcerosa.

3. Deseo sexual, erección, orgasmo y eyaculación: cuatro funciones diferentes
Uno de los errores más frecuentes cuando hablamos de salud sexual masculina consiste en utilizar las palabras libido, erección, orgasmo y eyaculación como si representaran un único proceso. Aunque están relacionados, dependen de mecanismos fisiológicos diferentes y pueden modificarse de manera independiente.
El deseo sexual representa la motivación o disposición hacia una experiencia íntima. La erección requiere una respuesta coordinada del sistema nervioso y los mecanismos vasculares que regulan el flujo sanguíneo del pene. El orgasmo es una experiencia neurofisiológica y subjetiva, mientras que la eyaculación implica mecanismos nerviosos y musculares específicos.
Por tanto, un hombre puede tener deseo y experimentar dificultades de erección. También puede conseguir erecciones satisfactorias, pero sentir poco interés sexual. Del mismo modo, ciertos tratamientos o intervenciones quirúrgicas pueden modificar la eyaculación sin producir necesariamente una alteración de testosterona.
¿Por qué puede disminuir el deseo sexual con Crohn o colitis ulcerosa?
La libido no funciona de manera aislada. El dolor abdominal, las lesiones perianales, la fatiga, el sueño interrumpido o el miedo a una urgencia intestinal pueden reducir la disposición hacia una actividad sexual. También pueden intervenir el estado de ánimo, la relación de pareja, determinados medicamentos y la percepción que tenemos de nuestro propio cuerpo.
Imaginemos que una persona ha sufrido varias urgencias intestinales durante encuentros íntimos. Aunque posteriormente mejore su enfermedad, puede continuar preocupándose por la posibilidad de que vuelva a ocurrir. Durante las relaciones, su atención se desplaza hacia las sensaciones abdominales, anticipando un problema que todavía no ha sucedido. Esa vigilancia puede dificultar la excitación y modificar la experiencia sexual.
La relación entre testosterona y libido en la EII debe analizarse teniendo en cuenta estas circunstancias. No sería correcto atribuir toda pérdida de deseo a un déficit hormonal, especialmente si existen dolor, fatiga o preocupación persistente.
¿Cuándo debemos preocuparnos por las dificultades de erección?
Las dificultades eréctiles ocasionales pueden aparecer en diferentes circunstancias y no siempre indican una enfermedad. Sin embargo, cuando persisten, generan malestar o representan un cambio importante respecto al funcionamiento habitual, conviene realizar una valoración específica.
La disfunción eréctil puede relacionarse con alteraciones vasculares, enfermedades metabólicas, medicamentos, problemas neurológicos y factores psicológicos. También puede coexistir con hipogonadismo, aunque no todos los hombres con dificultades eréctiles presentan testosterona baja.
Por esta razón, la evaluación no debería limitarse a solicitar una analítica hormonal. En algunos casos es necesario revisar la salud cardiovascular, los tratamientos y los antecedentes quirúrgicos.
Puedes ampliar estas cuestiones en mi artículo sobre sexo y enfermedad de Crohn: libido, dolor e intimidad.
4. Vida en pareja: cuando el miedo al rechazo sustituye a la intimidad
La enfermedad inflamatoria intestinal no afecta únicamente al funcionamiento del aparato digestivo. También puede modificar la forma en que una persona interpreta su propio cuerpo y se relaciona con los demás. Cuando aparecen cicatrices, pérdida muscular, dificultades de continencia o cambios en la función sexual, algunos hombres experimentan inseguridad y comienzan a cuestionar su atractivo o su capacidad para satisfacer a su pareja.
Estas preocupaciones pueden adquirir especial importancia cuando la sexualidad se ha convertido en una medida de identidad masculina. Existe una presión cultural que relaciona ser hombre con mantener deseo constante, conseguir erecciones fácilmente y demostrar siempre un determinado rendimiento. Sin embargo, la respuesta sexual humana es variable y depende de múltiples circunstancias. Convertir cada encuentro en una prueba de masculinidad puede añadir una presión que dificulte todavía más disfrutar de la intimidad.
El círculo entre miedo, evitación y pérdida de confianza
Supongamos que un hombre experimenta dificultades de erección durante una etapa de enfermedad activa. Aunque su situación física mejore, comienza a temer que vuelva a suceder y anticipa una reacción negativa de su pareja. Para evitar sentirse incómodo, reduce progresivamente su iniciativa sexual y termina evitando determinadas situaciones íntimas.
A corto plazo, esa evitación puede proporcionar alivio porque disminuye la posibilidad de enfrentarse al miedo. Sin embargo, cuando se mantiene en el tiempo, también puede impedir que la persona recupere confianza mediante experiencias diferentes. El problema inicial, que pudo estar relacionado con dolor o fatiga, termina asociado a preocupación anticipatoria y presión por el rendimiento.
Desde la psicología contextual podemos comprender estas conductas sin convertir automáticamente los problemas sexuales en trastornos psicológicos. Los síntomas físicos son reales, pero nuestras respuestas ante ellos también pueden influir en la calidad de vida.
Cómo recuperar la comunicación y la cercanía con la pareja
Una conversación puede cambiar profundamente dependiendo de cómo expresamos lo que sucede. No es lo mismo afirmar que ya no tenemos ganas de mantener relaciones que explicar que seguimos sintiendo atracción, pero el dolor, la fatiga o el miedo están dificultando nuestra disposición sexual.
Cuando ambos miembros de la pareja comprenden la situación, resulta más fácil adaptar horarios, encontrar momentos de menor cansancio y explorar formas de intimidad que no dependan exclusivamente de la penetración o del rendimiento eréctil. El contacto físico, las caricias, la comunicación afectiva y la posibilidad de detenerse sin sentirse rechazado forman parte de una sexualidad satisfactoria.
Por ello, hablar de testosterona y libido en la EII también significa hablar de confianza, vulnerabilidad, comunicación y vida en pareja. Si las dificultades persisten, producen sufrimiento o generan conflictos importantes, la intervención sexológica o la terapia de pareja pueden ofrecer herramientas útiles.
5. Ostomía y sexualidad: recuperar la confianza después de la cirugía
Una colostomía o ileostomía modifica la anatomía digestiva y la manera de evacuar, pero no elimina la capacidad de mantener relaciones sexuales satisfactorias. Sin embargo, sería poco realista negar que algunas personas experimentan dificultades para adaptarse a los cambios corporales después de una cirugía. La bolsa, las cicatrices abdominales, las preocupaciones por posibles fugas o la sensación de haber perdido parte del control corporal pueden influir en la autoestima y en la disposición hacia la intimidad.
También debemos considerar que la cirugía puede representar una mejoría importante. Cuando una intervención permite controlar una enfermedad grave, disminuir el dolor o recuperar autonomía, algunas personas experimentan una mejora considerable de su calidad de vida. La sexualidad también puede beneficiarse de esa recuperación, aunque el proceso de adaptación sea diferente para cada paciente.
Cómo vivir la intimidad con una bolsa de ostomía
Desde una perspectiva práctica, existen adaptaciones sencillas que pueden facilitar la comodidad. Vaciar la bolsa antes de las relaciones, comprobar que el dispositivo esté correctamente colocado o utilizar una funda cuando se prefiera pueden reducir determinadas preocupaciones. También conviene evitar posiciones que produzcan presión dolorosa sobre el estoma y respetar las limitaciones de una cirugía reciente.
No existe obligación de esconder la bolsa, del mismo modo que tampoco existe obligación de mostrarla antes de sentirse preparado. La decisión debe responder a las preferencias y a la comodidad de cada persona, sin convertir la aceptación corporal en una exigencia adicional.
La confianza suele construirse progresivamente. Poder hablar de las preocupaciones, acordar límites y recuperar experiencias satisfactorias puede ser más útil que intentar demostrar inmediatamente que la sexualidad debe funcionar exactamente igual que antes de la operación.
¿Puede una cirugía intestinal afectar a la erección?
Algunas intervenciones pélvicas pueden afectar estructuras nerviosas relacionadas con la erección o la eyaculación. No obstante, el riesgo depende del tipo de cirugía y de las circunstancias individuales. Una resección ileal, una colectomía y una cirugía rectal no presentan necesariamente las mismas consecuencias.
Cuando aparece una dificultad sexual nueva después de una intervención, conviene estudiarla específicamente. Puede ser necesario valorar la función nerviosa, el suelo pélvico, el dolor, los tratamientos utilizados y otros factores clínicos.
La testosterona y libido en la EII también deben abordarse considerando la anatomía después de una cirugía. No sería adecuado interpretar cualquier problema sexual posoperatorio como una alteración hormonal.
Puedes ampliar la información en mis artículos sobre cuidados de una ostomía y depresión, miedo, autoimagen y adaptación a la ostomía.
6. Sistema nervioso, estrés y eje intestino-cerebro
El intestino y el cerebro mantienen una comunicación bidireccional mediante mecanismos nerviosos, hormonales e inmunitarios. Las señales procedentes del aparato digestivo informan continuamente al sistema nervioso central sobre diferentes aspectos del estado corporal. Al mismo tiempo, el sistema nervioso participa en la regulación de funciones digestivas, respuestas autónomas y procesos relacionados con la percepción del dolor.
Esta comunicación adquiere especial importancia cuando una persona convive con síntomas impredecibles. El dolor abdominal, la urgencia intestinal o el temor a una fuga pueden favorecer una mayor atención hacia determinadas sensaciones corporales. En algunos casos, esa vigilancia persiste incluso cuando la enfermedad se encuentra clínicamente controlada.
Interocepción, anticipación y respuesta sexual
La interocepción engloba los procesos mediante los cuales el sistema nervioso detecta e interpreta señales internas del organismo. Gracias a estos mecanismos percibimos sensaciones como hambre, saciedad, distensión abdominal o cambios relacionados con la activación fisiológica.
En una persona que ha vivido episodios repetidos de urgencia intestinal, determinadas sensaciones pueden adquirir un significado amenazante. Durante una relación sexual, una pequeña molestia abdominal puede interpretarse como el comienzo de una urgencia, aumentando la preocupación y desplazando la atención hacia el posible problema.
Esta experiencia puede dificultar la excitación sin que exista necesariamente una alteración hormonal. Por eso, comprender la relación entre testosterona y libido en la EII también implica reconocer cómo la experiencia corporal, la memoria y las expectativas participan en el funcionamiento sexual.
Cortisol, estrés y regulación emocional
El eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenales interviene en la respuesta fisiológica al estrés y participa en la regulación del cortisol. Esta hormona cumple funciones necesarias en el metabolismo, la respuesta adaptativa y otros procesos del organismo. No debemos considerarla una sustancia perjudicial que necesitemos eliminar.
La exposición mantenida a situaciones estresantes puede relacionarse con alteraciones del sueño, cambios conductuales y mayor percepción de síntomas. Sin embargo, eso no permite afirmar que el estrés sea la causa individual de la enfermedad de Crohn ni que una técnica de relajación pueda curarla.
Las intervenciones psicológicas, los ejercicios de respiración cómodos y las estrategias para afrontar el miedo pueden resultar útiles cuando mejoran el bienestar y la capacidad de actuar. Sus beneficios deben valorarse por sus efectos reales sobre la persona, no mediante promesas de normalización hormonal.
Puedes profundizar en esta relación en mi artículo sobre estrés en Crohn y colitis: cómo se relacionan cuerpo, cerebro y síntomas.
7. Medicamentos para Crohn y colitis: efectos sobre hormonas y sexualidad
Los tratamientos utilizados en la enfermedad inflamatoria intestinal pueden influir sobre la salud masculina por mecanismos diferentes. Algunos fármacos pueden modificar señales hormonales o funciones reproductivas, mientras que otros permiten controlar la inflamación y recuperar bienestar, sueño y capacidad física. También existen medicamentos que provocan síntomas sexuales sin producir necesariamente una disminución de testosterona.
Por eso, cuando una persona observa cambios después de iniciar un tratamiento, resulta importante revisar la evolución temporal, la dosis utilizada, otros medicamentos y la actividad de la enfermedad. La coincidencia entre el comienzo de un fármaco y la aparición de un síntoma puede orientar la investigación, pero no demuestra por sí sola una relación causal.
Corticoides y función hormonal masculina
Los glucocorticoides sistémicos, como prednisona o prednisolona, pueden influir en la regulación del eje hormonal y contribuir a diferentes alteraciones metabólicas. Según la exposición, pueden relacionarse con cambios en la composición corporal, pérdida muscular, problemas óseos, alteraciones del sueño y modificaciones del estado de ánimo.
Estos efectos no deben confundirse automáticamente con hipogonadismo, ya que un hombre puede experimentar debilidad muscular por causas relacionadas con la propia enfermedad o con los tratamientos. Además, la retirada de corticoides debe realizarse siguiendo indicaciones médicas, especialmente cuando existe riesgo de supresión suprarrenal.
Sulfasalazina, inmunomoduladores y tratamientos biológicos
La sulfasalazina puede asociarse a alteraciones reversibles del número y la movilidad de los espermatozoides. Esta circunstancia merece especial atención cuando existe un proyecto de paternidad, aunque no significa que todos los hombres tratados desarrollen infertilidad. Tampoco debe atribuirse automáticamente el mismo efecto reproductivo a la mesalazina.
En cuanto a inmunomoduladores como azatioprina, mercaptopurina o metotrexato, las decisiones deben apoyarse en las características del medicamento y en la evidencia disponible. Las recomendaciones sobre exposición paterna y reproducción pueden diferir entre sustancias, por lo que conviene revisarlas individualmente.
Los tratamientos biológicos y las terapias avanzadas tampoco representan una categoría con un efecto hormonal único. Infliximab, adalimumab, vedolizumab, ustekinumab, los inhibidores de IL-23 o los tratamientos orales avanzados actúan sobre mecanismos diferentes. La investigación específica sobre testosterona, semen y función sexual continúa siendo limitada para varias de estas moléculas.
Controlar eficazmente la inflamación puede contribuir indirectamente a mejorar la calidad de vida. Sin embargo, una mejoría del deseo después de iniciar un tratamiento no demuestra necesariamente que el medicamento actúe directamente sobre la producción testicular.
Otros medicamentos que también debemos revisar
Algunos opioides pueden interferir con la regulación del eje reproductivo, mientras que determinados antidepresivos pueden modificar el deseo, el orgasmo o la eyaculación. También existen medicamentos utilizados para otras enfermedades que pueden influir en la función eréctil por mecanismos diferentes.
Al investigar testosterona y libido en la EII debemos considerar, por tanto, la medicación completa y no únicamente los fármacos prescritos por gastroenterología. Suspender tratamientos sin supervisión puede producir consecuencias más importantes que el síntoma que pretendemos resolver.
Para conocer los tratamientos y sus indicaciones puedes consultar mi guía de medicamentos para Crohn y colitis ulcerosa.
8. Fertilidad masculina y deseo de paternidad
La fertilidad no debe confundirse con la libido ni con las concentraciones de testosterona. Un hombre puede experimentar un deseo sexual satisfactorio y presentar alteraciones seminales. Del mismo modo, puede tener testosterona dentro de los rangos habituales y necesitar una evaluación reproductiva por otros motivos.
La enfermedad inflamatoria intestinal tampoco implica automáticamente infertilidad. Muchos hombres con Crohn o colitis ulcerosa pueden tener hijos, aunque determinadas situaciones clínicas pueden influir sobre su capacidad reproductiva. La enfermedad grave activa, algunos tratamientos, las alteraciones nutricionales y determinadas intervenciones quirúrgicas pueden requerir una valoración específica.
La importancia del seminograma y de los tratamientos utilizados
El seminograma permite estudiar diferentes características del semen, entre ellas concentración y movilidad de los espermatozoides. Su interpretación debe realizarse dentro del contexto clínico, ya que un resultado aislado tampoco permite establecer todas las posibilidades reproductivas de una pareja.
En hombres con enfermedad inflamatoria intestinal también conviene revisar antecedentes de cirugía pélvica, actividad inflamatoria y tratamientos farmacológicos. Las guías europeas de ECCO sobre sexualidad y fertilidad ofrecen recomendaciones para abordar estas cuestiones con el equipo médico.
¿La testosterona externa mejora la fertilidad?
No necesariamente. De hecho, la administración de testosterona externa puede reducir la producción de espermatozoides al suprimir las señales hormonales LH y FSH. En determinadas circunstancias puede provocar una disminución muy importante de la espermatogénesis.
Esta cuestión es especialmente relevante porque algunos hombres recurren a tratamientos hormonales buscando mejorar deseo sexual, musculatura o rendimiento físico sin comprender sus consecuencias reproductivas.
Por ello, una terapia con testosterona nunca debería plantearse sin revisar previamente el deseo de paternidad. Los especialistas pueden valorar otras estrategias médicas cuando están indicadas, pero no deben sustituirse por protocolos hormonales improvisados.
9. Nutrición, testosterona y recuperación de la masa muscular
La alimentación desempeña un papel esencial en el mantenimiento de las funciones del organismo. En personas con enfermedad inflamatoria intestinal, además de cubrir las necesidades energéticas, debemos tener en cuenta la localización de la enfermedad, las posibles resecciones intestinales, la tolerancia digestiva y las pérdidas nutricionales.
Durante un brote, el dolor, la diarrea, las náuseas y la falta de apetito pueden reducir considerablemente la ingesta alimentaria. Algunas personas también mantienen restricciones prolongadas por miedo a experimentar síntomas, incluso cuando la enfermedad está controlada. Si estas circunstancias provocan un aporte insuficiente de energía y nutrientes, la recuperación muscular y el funcionamiento general pueden deteriorarse.
Disponibilidad energética y salud hormonal
La disponibilidad energética representa los recursos disponibles para sostener las funciones del organismo después de considerar las demandas relacionadas con el ejercicio. Cuando una persona mantiene una ingesta insuficiente respecto a sus necesidades, pueden aparecer adaptaciones fisiológicas que afectan a diferentes sistemas, incluido el reproductivo.
Esta situación resulta especialmente relevante en hombres que combinan restricciones calóricas con entrenamiento intenso. Sin embargo, también puede aparecer en personas poco activas cuya enfermedad limita considerablemente la alimentación.
El problema requiere distinguir perfiles diferentes. Un hombre con obesidad y Crohn estable puede beneficiarse de mejorar su composición corporal mediante una estrategia gradual, mientras que otro con pérdida de peso involuntaria necesita priorizar recuperación nutricional y control de enfermedad.
Aplicar la misma dieta restrictiva a ambos porque se anuncia como una estrategia para aumentar testosterona sería un error. La relación entre testosterona y libido en la EII también depende de que el organismo disponga de recursos suficientes para sostener sus funciones.
Proteínas para conservar y recuperar músculo
Las proteínas proporcionan aminoácidos necesarios para la reparación y mantenimiento de tejidos. En determinados pacientes con EII, especialmente durante enfermedad activa o recuperación de una pérdida muscular importante, puede ser necesario aumentar su aporte.
Las guías ESPEN de nutrición clínica en EII sitúan las necesidades proteicas generales aproximadamente en 1 g/kg de peso corporal y día durante la remisión, y entre 1,2 y 1,5 g/kg/día durante enfermedad activa. Estas referencias deben individualizarse según la situación clínica, la composición corporal y otras circunstancias.
Una persona que entrena fuerza puede necesitar un planteamiento nutricional específico, aunque aumentar indiscriminadamente las proteínas no compensa una ingesta energética insuficiente. Para recuperar músculo también necesitamos un estímulo de entrenamiento adecuado y capacidad de recuperación.
Grasas, hidratos de carbono y vitaminas
Las grasas participan en funciones estructurales y metabólicas, mientras que los hidratos de carbono contribuyen al suministro energético y a la recuperación del glucógeno muscular. No existe una distribución universal de macronutrientes que haya demostrado normalizar la testosterona en todos los hombres con Crohn o colitis ulcerosa.
Tampoco debemos confundir el hecho de que el colesterol participe en la producción de hormonas esteroideas con la idea de que consumir más grasas saturadas elevará necesariamente la testosterona.
En cuanto a los micronutrientes, pueden ser relevantes el hierro, la vitamina B12, la vitamina D, el folato y el zinc, entre otros. Las necesidades de evaluación dependen de la enfermedad, los tratamientos y la anatomía intestinal. Una resección ileal, por ejemplo, puede aumentar el riesgo de problemas de absorción de vitamina B12.
Corregir un déficit demostrado puede beneficiar funciones afectadas por esa carencia, pero suplementar indiscriminadamente vitaminas o minerales no garantiza mejorar el deseo sexual.
Puedes ampliar estos aspectos en mi artículo sobre qué comer con enfermedad de Crohn según tus síntomas.
10. Suplementos para testosterona, libido y recuperación física
El mercado de la suplementación masculina está lleno de productos que prometen aumentar la testosterona, mejorar el deseo sexual y favorecer el crecimiento muscular. Sin embargo, estas tres variables representan resultados diferentes y no siempre responden a los mismos mecanismos.
Un suplemento puede mejorar determinados parámetros del rendimiento físico sin elevar testosterona. Otro puede producir pequeños cambios hormonales en un estudio sin demostrar mejoras clínicamente relevantes en sexualidad. Por ello, interpretar sus resultados exige distinguir efectos fisiológicos, cambios analíticos y beneficios reales para la persona.
Creatina y proteína en polvo
La creatina monohidrato cuenta con evidencia científica para apoyar determinadas adaptaciones relacionadas con el entrenamiento de fuerza y los esfuerzos de alta intensidad. Puede ser una herramienta útil cuando se busca recuperar rendimiento y musculatura, siempre que las condiciones clínicas permitan utilizarla.
Sin embargo, no debe presentarse como un tratamiento para aumentar la testosterona ni como una intervención específica contra la inflamación intestinal.
La proteína en polvo también puede ser útil cuando resulta complicado alcanzar las necesidades proteicas mediante la alimentación habitual. Su principal ventaja es facilitar el aporte nutricional, especialmente cuando existe poco apetito o dificultad para consumir grandes volúmenes de comida.
La utilidad de estos productos depende del objetivo y de la tolerancia individual. Ninguno sustituye el tratamiento de la EII ni garantiza recuperar la libido.
¿Funcionan los potenciadores de testosterona?
Una revisión sistemática sobre productos comercializados como potenciadores hormonales analizó diferentes sustancias y encontró que la mayoría no demostraba aumentar de forma consistente la testosterona total. Algunas preparaciones mostraron resultados prometedores en determinadas poblaciones, aunque eso no significa que cualquier mezcla comercial produzca el mismo efecto.
Ingredientes como tribulus, ácido D-aspártico, mezclas de minerales y distintos extractos herbales no deberían utilizarse como sustitutos de una evaluación endocrinológica. También es importante considerar las interacciones con medicamentos, la posible toxicidad y la calidad de los productos.
Cuando hablamos de testosterona y libido en la EII, la suplementación debe responder a una necesidad identificable, no a la promesa de elevar hormonas mediante productos comerciales.
Puedes consultar mi guía de suplementación para enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa y ostomías, que también explica cómo adaptar diferentes recursos según el estado nutricional y la situación clínica.
11. Entrenamiento de fuerza, sarcopenia y salud masculina
La masa muscular desempeña funciones importantes en la movilidad, el metabolismo y la autonomía. Durante periodos de enfermedad inflamatoria importante, algunas personas pueden experimentar una pérdida considerable de musculatura como consecuencia de la baja ingesta, la inactividad, los tratamientos o el aumento del catabolismo.
La pérdida muscular no afecta únicamente a la apariencia física. También puede reducir la capacidad para realizar actividades cotidianas, aumentar la fatiga durante esfuerzos habituales y dificultar la recuperación después de una hospitalización o cirugía.
Por ello, el entrenamiento de fuerza puede desempeñar un papel relevante dentro de un programa de recuperación, siempre que esté adaptado a la situación clínica.
Cómo recuperar fuerza después de un brote
El entrenamiento produce un estímulo al que el organismo responde mediante diferentes adaptaciones. Para que estas se desarrollen necesitamos disponer de recursos nutricionales suficientes y permitir una recuperación adecuada entre sesiones.
En una persona estable que comienza después de un periodo prolongado de inactividad, dos sesiones semanales de fuerza en días no consecutivos pueden representar un punto de partida razonable. Los ejercicios pueden incluir patrones básicos de empuje, tracción, pierna y trabajo del tronco, adaptados a la experiencia y las limitaciones individuales.
No es necesario entrenar constantemente al fallo muscular. Una progresión gradual permite recuperar capacidades sin añadir una fatiga excesiva, especialmente cuando la reserva física todavía está comprometida.
También conviene comprender que una mejoría de la fuerza no implica necesariamente un incremento hormonal clínicamente relevante. Podemos recuperar funcionalidad y masa muscular mediante entrenamiento y nutrición adecuados sin que eso signifique que la testosterona haya aumentado.
Entrenamiento con ostomía o después de cirugía
Una ostomía no representa una prohibición permanente para levantar cargas o entrenar el abdomen. Sin embargo, debemos considerar la recuperación quirúrgica, el estado de la pared abdominal, las posibles hernias paraestomales y la comodidad del dispositivo.
Tampoco existe un peso máximo universal que sea seguro para todas las personas ostomizadas. La progresión depende de las características de cada paciente y puede requerir valoración por cirugía, estomaterapia o fisioterapia.
Durante el entrenamiento también debemos prestar atención a la hidratación. Las personas con ileostomía de alto débito pueden presentar necesidades específicas de sodio y líquidos que no se resuelven siempre aumentando indiscriminadamente el consumo de agua.
Puedes profundizar en los beneficios del entrenamiento de fuerza en la EII y en la hidratación con colostomía e ileostomía.
12. Sueño, descanso y regulación hormonal masculina
El sueño participa en numerosos procesos fisiológicos relacionados con la recuperación, el funcionamiento cognitivo y la regulación endocrina. En adultos suele recomendarse disponer de una oportunidad de descanso de aproximadamente siete a nueve horas, aunque también debemos considerar la continuidad del sueño y las necesidades individuales.
En personas con Crohn o colitis ulcerosa, dormir bien puede resultar especialmente complicado durante etapas de actividad inflamatoria. El dolor abdominal, las deposiciones nocturnas, determinados medicamentos y la preocupación por los síntomas pueden provocar despertares frecuentes. Cuando estas interrupciones se mantienen, pueden aparecer fatiga, menor capacidad de concentración y dificultades de recuperación física.
¿Puede dormir mal afectar a la testosterona?
Algunos estudios experimentales en hombres sanos han observado modificaciones hormonales después de restringir el sueño. Sin embargo, sus resultados no permiten establecer cuánto aumentará la testosterona de una persona con EII si consigue dormir una hora adicional.
La mejoría del descanso puede beneficiar la calidad de vida, el estado de ánimo y la capacidad de esfuerzo sin producir necesariamente un cambio hormonal importante. Por ello, no deberíamos evaluar su utilidad exclusivamente mediante una analítica.
También conviene investigar otras situaciones. La apnea obstructiva del sueño, por ejemplo, puede provocar descanso no reparador y somnolencia, especialmente cuando existen ronquidos importantes o pausas respiratorias.
La evaluación de testosterona y libido en la EII debe incluir la calidad del sueño, porque el cansancio persistente y las dificultades sexuales pueden relacionarse con problemas que requieren una intervención distinta de la hormonal.
13. Cómo saber si tengo testosterona baja: síntomas, analíticas y diagnóstico
La disminución persistente del deseo sexual, la reducción de erecciones espontáneas y otros signos compatibles pueden justificar una evaluación hormonal. Sin embargo, síntomas generales como cansancio, debilidad, dificultades de concentración o bajo estado de ánimo también pueden aparecer por anemia, enfermedad activa, problemas nutricionales o alteraciones del sueño.
Por eso, el diagnóstico de hipogonadismo no debe establecerse únicamente porque una persona presente fatiga y una concentración de testosterona ligeramente reducida.
¿Qué pruebas hormonales son necesarias?
Las guías de la Endocrine Society recomiendan diagnosticar hipogonadismo cuando existen síntomas o signos compatibles y concentraciones de testosterona consistentemente bajas.
Habitualmente se comienza con una medición de testosterona total por la mañana, utilizando un método fiable y, según estas recomendaciones, en ayunas. Cuando el resultado es bajo, debe confirmarse en otra mañana. La enfermedad aguda, las alteraciones del sueño y determinadas circunstancias pueden modificar temporalmente la concentración hormonal.
Si existen resultados próximos al límite inferior o factores que alteran la SHBG, el profesional puede valorar la testosterona libre. Las hormonas LH y FSH ayudan a distinguir posibles causas testiculares de alteraciones de la regulación central, mientras que otras pruebas se solicitan según los antecedentes y los resultados.
También puede ser necesario investigar anemia, función tiroidea, estado nutricional y otras enfermedades capaces de producir síntomas semejantes.
Hipogonadismo y causas reversibles
Algunas situaciones de testosterona baja pueden relacionarse con obesidad, enfermedad sistémica, medicamentos o disponibilidad energética insuficiente. En determinados casos, mejorar estas circunstancias puede favorecer una recuperación hormonal.
Sin embargo, existen problemas testiculares, hipofisarios o endocrinos que no se resuelven únicamente mediante dieta, suplementos y entrenamiento.
El tratamiento debe depender del diagnóstico y de su causa. Mantener durante meses una estrategia basada exclusivamente en productos naturales cuando existe un déficit persistente puede retrasar una evaluación necesaria.
14. Terapia de reemplazo de testosterona: beneficios, riesgos y precauciones
La terapia de reemplazo de testosterona, conocida como TRT, puede estar indicada en determinados hombres con hipogonadismo confirmado. Su objetivo es tratar un déficit hormonal clínicamente relevante mediante un seguimiento médico adecuado.
No debe confundirse con el uso de esteroides anabolizantes para mejorar la apariencia física o el rendimiento deportivo. Tampoco constituye un tratamiento estándar para controlar la inflamación intestinal.
Cuando la indicación es correcta, algunos hombres pueden experimentar mejoras en el deseo sexual, determinados aspectos de la función sexual o la composición corporal. Sin embargo, la respuesta depende de la causa del déficit y de otros problemas que puedan coexistir. Una concentración hormonal normalizada no garantiza resolver una disfunción eréctil vascular, un problema de pareja o una anemia persistente.
Qué sabemos sobre su seguridad
El ensayo clínico TRAVERSE, publicado en The New England Journal of Medicine, estudió la seguridad cardiovascular de la testosterona en hombres seleccionados con síntomas y valores hormonales bajos confirmados.
El tratamiento no mostró una mayor incidencia del resultado cardiovascular principal frente a placebo dentro de los criterios de no inferioridad del ensayo. Sin embargo, se observaron más episodios de fibrilación auricular, lesión renal aguda y embolia pulmonar en el grupo tratado.
Estos resultados no permiten concluir que la testosterona esté libre de riesgos ni justifican utilizarla en hombres con concentraciones normales.
La evaluación médica puede requerir controles de hematocrito, concentración hormonal, respuesta clínica y salud prostática cuando corresponda. También deben revisarse factores como apnea del sueño, antecedentes trombóticos y deseo de paternidad.
Por todo ello, abordar testosterona y libido en la EII exige distinguir entre corregir un déficit confirmado y perseguir cifras hormonales cada vez mayores sin una indicación clínica.
15. Un plan práctico de ocho semanas para organizar la recuperación
Después de comprender los diferentes factores que influyen en la salud masculina, resulta razonable preguntarse por dónde comenzar. Uno de los errores más habituales consiste en intentar cambiarlo todo simultáneamente: añadir suplementos, modificar la alimentación, aumentar el entrenamiento y buscar soluciones inmediatas para recuperar el deseo sexual.
Sin embargo, cuando existen diferentes problemas, necesitamos establecer prioridades. El objetivo no debería ser acumular intervenciones, sino identificar qué aspectos están limitando realmente la calidad de vida y cuáles requieren atención médica.
Primeras dos semanas: comprender el punto de partida
Durante las primeras semanas conviene revisar el estado de la enfermedad, la evolución del peso, el descanso, los tratamientos y los cambios en la función sexual. También puede resultar útil registrar síntomas digestivos, dificultades relacionadas con la ostomía y capacidad de esfuerzo.
Si existen signos de enfermedad activa, pérdida involuntaria de peso, alteraciones hormonales sospechosas o problemas sexuales persistentes, es importante solicitar una evaluación apropiada.
Semanas tres y cuatro: recuperar recursos físicos
Cuando la situación clínica lo permite, podemos trabajar sobre una alimentación suficiente y tolerable, revisar posibles carencias y comenzar o adaptar la actividad física.
Si existe una cirugía reciente, la progresión debe responder al proceso de recuperación y a las recomendaciones recibidas.
El objetivo no es alcanzar inmediatamente un nivel elevado de rendimiento, sino construir una base sostenible.
Semanas cinco y seis: mejorar recuperación y confianza
En esta fase conviene observar la respuesta al entrenamiento, al descanso y a los ajustes nutricionales. También podemos identificar alguna dificultad que esté limitando la intimidad, como miedo al dolor, inseguridad corporal o problemas de comunicación con la pareja.
No resulta necesario resolver todas estas circunstancias simultáneamente. En ocasiones, un cambio pequeño y mantenido puede aportar más beneficios que una intervención intensa que después no podamos sostener.
Semanas siete y ocho: revisar resultados y decidir prioridades
Al finalizar el periodo podemos comparar energía, fuerza, recuperación, descanso y bienestar sexual con la situación inicial. Los problemas que persistan deben revisarse según su naturaleza, sin asumir que todas las dificultades se resolverán aumentando el esfuerzo.
Este planteamiento forma parte del enfoque práctico desarrollado en mi ebook. No representa un protocolo clínicamente validado para elevar testosterona en ocho semanas, sino una herramienta para organizar hábitos y realizar un seguimiento más útil.
La recuperación de testosterona y libido en la EII no debería medirse exclusivamente por una cifra hormonal. Mejorar la fuerza, descansar mejor o recuperar confianza en la intimidad también representa un progreso importante, aunque la concentración de testosterona permanezca estable.
16. Testosterona y EII: mi guía completa sobre sexualidad, músculo y salud masculina
Comprender todos estos mecanismos puede resultar complicado cuando la información aparece dispersa entre estudios científicos, recomendaciones nutricionales, artículos sobre ejercicio y publicaciones sobre hormonas. Precisamente por ello he elaborado «Testosterona y EII: Deseo sexual, erección, músculo y fuerza», una guía dirigida a hombres adultos con enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa u ostomía.
El ebook reúne en 69 páginas información sobre producción hormonal, diagnóstico de hipogonadismo, inflamación, inmunidad, funcionamiento del sistema nervioso y salud sexual. También analiza cómo pueden influir los tratamientos utilizados en EII, las cirugías intestinales, la fertilidad masculina y las dificultades que algunas personas experimentan en su vida de pareja.
Además, desarrolla los recursos nutricionales y físicos que pueden resultar útiles según la situación clínica. Incluye contenidos sobre disponibilidad energética, proteínas, grasas, hidratos de carbono, micronutrientes, suplementación responsable, entrenamiento de fuerza, sarcopenia, descanso y recuperación.
La guía incorpora un plan gradual de ocho semanas, ejemplos prácticos, herramientas de seguimiento y preguntas para preparar consultas. Su finalidad es ayudar a comprender los diferentes factores que pueden afectar a la salud masculina y proporcionar recursos para tomar decisiones fundamentadas, sin prometer resultados hormonales universales.
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Testosterona y EII: Deseo sexual, erección, músculo y fuerza
Guía para hombres con enfermedad inflamatoria intestinal.
Formato: PDF digital.
Extensión: 69 páginas.
Precio: 9,99 €.
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17. Preguntas frecuentes sobre testosterona y libido en la EII
¿La enfermedad de Crohn puede bajar la testosterona?
En determinados hombres pueden observarse concentraciones bajas, especialmente cuando existen enfermedad grave activa, pérdida de peso, insuficiencia nutricional u otros factores. Sin embargo, Crohn no provoca hipogonadismo en todos los pacientes. Para establecer el diagnóstico es necesario valorar síntomas y confirmar resultados hormonales bajos mediante mediciones apropiadas.
¿La colitis ulcerosa también puede afectar al deseo sexual?
Sí. La actividad inflamatoria, el cansancio, el dolor, los síntomas nocturnos y determinadas preocupaciones pueden influir en la libido. También deben considerarse medicamentos, alteraciones hormonales y circunstancias de pareja. No toda disminución del deseo significa que exista testosterona baja.
¿Puedo tener poca libido con testosterona normal?
Sí. El deseo sexual es un proceso complejo que depende de múltiples factores. El dolor, las dificultades emocionales, algunos tratamientos, la falta de descanso y los problemas relacionales pueden modificar la libido incluso cuando los niveles hormonales están dentro de los valores habituales.
¿La enfermedad inflamatoria intestinal puede causar problemas de erección?
Puede contribuir a dificultades sexuales mediante diferentes mecanismos, aunque la disfunción eréctil también puede tener causas vasculares, metabólicas o neurológicas independientes. Cuando el problema persiste o aparece después de una cirugía, conviene realizar una valoración específica.
¿Puedo mantener relaciones sexuales con una colostomía o ileostomía?
Sí. Muchas personas con ostomía mantienen una vida sexual satisfactoria. Pueden resultar útiles determinadas adaptaciones relacionadas con el dispositivo, la comodidad y la confianza corporal. Cuando existen dolor o problemas sexuales después de la cirugía, es importante consultar.
¿La creatina aumenta la testosterona?
No existe evidencia sólida de que la creatina monohidrato produzca un incremento clínicamente relevante y sostenido de testosterona. Su principal utilidad está relacionada con determinadas adaptaciones al ejercicio de fuerza y alta intensidad.
¿La testosterona externa mejora la fertilidad masculina?
No necesariamente. De hecho, puede reducir considerablemente la producción de espermatozoides al suprimir las señales hormonales implicadas en su formación. Los hombres que desean tener hijos deben comunicarlo antes de comenzar una terapia hormonal.
¿El entrenamiento de fuerza ayuda a recuperar la salud sexual?
El entrenamiento puede favorecer la capacidad física, la masa muscular, el funcionamiento cotidiano y la confianza corporal. Estos cambios pueden contribuir al bienestar general, aunque el ejercicio no constituye un tratamiento específico para cualquier problema sexual ni garantiza normalizar testosterona.
¿Cuándo debo acudir al endocrino o al urólogo?
Cuando existen síntomas persistentes compatibles con déficit hormonal, alteraciones confirmadas en las analíticas, dificultades eréctiles importantes o problemas de fertilidad. La elección del especialista dependerá de los síntomas, los antecedentes y los resultados de la evaluación inicial.
Conclusión: la salud masculina va mucho más allá de la testosterona
La enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa pueden modificar numerosos aspectos de nuestra vida, incluida la manera en que experimentamos nuestro cuerpo, nos relacionamos con nuestra pareja y afrontamos la sexualidad. Estos cambios pueden aparecer durante un brote, después de una cirugía o incluso cuando la enfermedad se encuentra controlada. Reconocerlos no significa resignarse a ellos, sino comprender que merecen una evaluación y un acompañamiento adecuados.
La testosterona desempeña funciones importantes, pero no explica por sí sola el deseo sexual, las erecciones, la fertilidad ni la capacidad para recuperar masa muscular. La inflamación, la nutrición, el descanso, los tratamientos, el sistema nervioso y nuestras circunstancias personales también forman parte de la ecuación. Centrarnos exclusivamente en elevar una hormona puede hacernos pasar por alto necesidades que requieren intervenciones diferentes.
Por eso, comprender la testosterona y libido en la EII significa comprender la salud masculina en su conjunto. A veces será necesario investigar un déficit hormonal; otras, controlar mejor la inflamación, recuperar una alimentación suficiente o mejorar el descanso. También puede resultar imprescindible reconstruir la confianza después de una cirugía, aprender a convivir con determinados cambios corporales o recuperar la comunicación con la pareja.
La enfermedad puede modificar nuestro cuerpo, pero no tiene por qué definir toda nuestra identidad. Recuperar la salud no siempre consiste en volver exactamente a la situación anterior, sino en construir una vida satisfactoria con los recursos, las necesidades y las capacidades que tenemos ahora.
Porque nuestra salud masculina no se mide exclusivamente por una cifra de testosterona, por la fuerza que levantamos o por la frecuencia con la que mantenemos relaciones sexuales. También se expresa en nuestra autonomía, nuestra capacidad de cuidarnos, nuestros vínculos afectivos y nuestra calidad de vida.
Y todos esos aspectos merecen ser atendidos.
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Juan Antonio Fernández Pérez
Autor y divulgador sobre enfermedad inflamatoria intestinal.
Bibliografía y referencias científicas
1. Bhasin S, et al. Testosterone Therapy in Men With Hypogonadism: An Endocrine Society Clinical Practice Guideline. Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism. 2018;103(5):1715–1744. Consultar publicación.
2. Torres J, et al. European Crohn’s and Colitis Guidelines on Sexuality, Fertility, Pregnancy, and Lactation. Journal of Crohn’s and Colitis. 2023;17(1):1–27. Consultar guía.
3. Judge C, et al. Distribution of Serum Testosterone Concentrations in IBD Males and Associations With Inflammatory Bowel Disease Activity. Inflammatory Bowel Diseases. 2025;31(2):492–500. Consultar estudio.
4. Bischoff SC, et al. ESPEN guideline on Clinical Nutrition in inflammatory bowel disease. Clinical Nutrition. 2023;42(3):352–379. Consultar guía.
5. Lincoff AM, et al. Cardiovascular Safety of Testosterone-Replacement Therapy. New England Journal of Medicine. 2023;389:107–117. Consultar ensayo TRAVERSE.
6. Do «testosterone boosters» really increase serum total testosterone? A systematic review. International Journal of Impotence Research. Consultar revisión.
7. Fernández Pérez JA. Testosterona y EII: Deseo sexual, erección, músculo y fuerza. Guía para hombres con Crohn, colitis ulcerosa y ostomía. Octubre de 2026. Consultar ebook.
Aviso: este contenido tiene carácter educativo y divulgativo. No sustituye una evaluación médica, nutricional, endocrinológica, urológica o psicológica individualizada. No modifiques tratamientos ni utilices hormonas sin supervisión profesional.