
Enfermedad de Crohn y memoria: ¿puede la actividad intestinal afectar al rendimiento cognitivo?
La relación entre enfermedad de Crohn y memoria está despertando un creciente interés científico. Durante años hemos centrado nuestra atención en las manifestaciones digestivas de la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), como la diarrea, el dolor abdominal, la urgencia o la inflamación de la mucosa. Sin embargo, cada vez existen más investigaciones que analizan cómo estas enfermedades pueden relacionarse con otras funciones del organismo, incluido el rendimiento cognitivo.
Muchas personas con enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa describen periodos en los que les cuesta concentrarse, recordar información, mantener la atención o realizar determinadas tareas que antes parecían sencillas. Esta experiencia suele denominarse popularmente niebla mental, aunque no constituye por sí misma un diagnóstico médico. El problema es que estas dificultades pueden tener múltiples explicaciones y no siempre sabemos qué parte corresponde a la actividad intestinal, al cansancio, al sueño, a los déficits nutricionales o a otras circunstancias.
Un estudio publicado en 2026 en American Journal of Gastroenterology aporta nueva información sobre esta cuestión. Sus investigadores analizaron la evolución cognitiva de 356 personas mayores con enfermedad inflamatoria intestinal y encontraron una asociación entre la actividad sintomática digestiva y el empeoramiento posterior del rendimiento en una prueba cognitiva.
Además, observaron una segunda asociación especialmente interesante: determinadas dificultades iniciales de memoria se relacionaban con una mayor probabilidad de presentar síntomas intestinales activos durante el seguimiento. Esto plantea nuevas preguntas sobre la comunicación entre intestino y cerebro, aunque no demuestra que una alteración cause directamente la otra.
En este artículo vamos a analizar qué sabemos realmente sobre la relación entre Crohn, colitis ulcerosa, memoria y deterioro cognitivo, qué mecanismos biológicos podrían intervenir y, sobre todo, qué implicaciones prácticas tienen estos hallazgos para las personas que conviven con una EII.
¿Puede la enfermedad de Crohn afectar a la memoria y la concentración?
La enfermedad de Crohn es una patología inflamatoria crónica e inmunomediada que puede afectar a diferentes segmentos del aparato digestivo. Aunque sus manifestaciones más conocidas son intestinales, sus consecuencias pueden extenderse al estado nutricional, la calidad del sueño, la fatiga, la salud emocional y diferentes aspectos del funcionamiento cotidiano.
Esto no significa que tener Crohn implique inevitablemente desarrollar problemas cognitivos. Significa que las personas con EII pueden estar expuestas a circunstancias que también influyen en procesos como la atención, la memoria de trabajo, la capacidad de concentración o la velocidad con la que procesamos información.
Imaginemos una persona que lleva varias semanas con dolor abdominal, despertares nocturnos, urgencia intestinal y fatiga acumulada. Aunque consiga continuar con su trabajo y sus responsabilidades, probablemente encuentre más difícil mantener una conversación compleja, recordar determinadas instrucciones o concentrarse durante una lectura prolongada. La sensación subjetiva puede ser la de tener la mente más lenta, pero eso no demuestra necesariamente que exista una lesión cerebral o un proceso neurodegenerativo.
También puede ocurrir lo contrario: una persona puede experimentar dificultades cognitivas sin presentar síntomas digestivos especialmente intensos. Por ello, no debemos utilizar la intensidad del dolor o el número de deposiciones como una medida directa de la salud cognitiva.
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¿Qué es la niebla mental en Crohn y colitis ulcerosa?
La expresión niebla mental describe una experiencia subjetiva de dificultad para pensar con claridad. Puede manifestarse como lentitud para procesar información, problemas de concentración, olvidos frecuentes, dificultad para encontrar palabras o sensación de agotamiento cuando se realizan tareas intelectuales.
No obstante, conviene distinguir tres conceptos que muchas veces se utilizan incorrectamente como sinónimos. La fatiga mental es una sensación de agotamiento cognitivo; las quejas subjetivas de memoria son dificultades percibidas por la persona; y el deterioro cognitivo se refiere a alteraciones que pueden identificarse mediante evaluaciones específicas.
Estas situaciones pueden coincidir, pero no son equivalentes. Una persona puede sentirse mentalmente agotada y obtener resultados normales en una evaluación cognitiva. También puede presentar dificultades objetivas en determinadas pruebas sin ser plenamente consciente de ellas.
Por tanto, antes de afirmar que la enfermedad de Crohn está afectando a la memoria, necesitamos comprender qué función cognitiva se encuentra comprometida y qué factores podrían estar contribuyendo.
El estudio de 2026: actividad de la EII y deterioro cognitivo
Una investigación liderada por Bharati Kochar y colaboradores, titulada The Bidirectional Relationship Between Cognitive Function and Active Inflammatory Bowel Disease, fue publicada online el 13 de febrero de 2026 y posteriormente incluida en el volumen 121, número 10, de American Journal of Gastroenterology.
Se trata de un estudio prospectivo, observacional y multicéntrico desarrollado en seis centros estadounidenses. Los investigadores incluyeron a 356 personas con enfermedad inflamatoria intestinal de 60 años o más, con una mediana de edad de 70 años y una duración mediana de la enfermedad de 18 años. Aproximadamente el 60 % tenía enfermedad de Crohn y el 51 % eran mujeres.
El objetivo principal consistía en estudiar cómo evolucionaba el rendimiento cognitivo durante el seguimiento y determinar si existía una relación entre estos cambios y la actividad de la enfermedad inflamatoria intestinal.
Para ello, los investigadores utilizaron índices de actividad de la EII y el Montreal Cognitive Assessment, conocido como MoCA, una herramienta de cribado que permite evaluar distintos dominios cognitivos. Las evaluaciones posteriores se integraron en la atención clínica habitual durante un periodo de hasta un año.
El 42 % presentó un cribado positivo de posible deterioro cognitivo
Uno de los resultados más llamativos fue que el 42 % de los participantes obtuvo inicialmente una puntuación compatible con posible deterioro cognitivo en la prueba utilizada. Las dificultades más frecuentes aparecieron en el recuerdo diferido y en determinadas funciones visuoespaciales.
Es importante interpretar correctamente esta cifra. No significa que el 42 % de las personas mayores con Crohn o colitis ulcerosa tengan demencia, ni que ese porcentaje pueda extrapolarse automáticamente a toda la población con EII. Estamos hablando de un resultado de cribado dentro de una cohorte concreta de pacientes mayores atendidos en centros estadounidenses.
Además, una puntuación baja en MoCA puede verse influida por diferentes factores, incluidos la edad, la escolarización, determinadas enfermedades, el estado emocional y otras circunstancias individuales. La herramienta ayuda a identificar personas que podrían necesitar una evaluación más profunda, pero no establece por sí sola un diagnóstico definitivo.
Durante el seguimiento, el 31 % de los participantes mostró una mejoría en su puntuación MoCA y el 19 % presentó un empeoramiento. Estos porcentajes reflejan cambios en los resultados de una prueba cognitiva, no necesariamente cambios clínicamente equivalentes ni nuevos diagnósticos de enfermedad neurodegenerativa.
La EII sintomáticamente activa se asoció con peores resultados cognitivos
El hallazgo principal apareció cuando los investigadores analizaron la relación entre la actividad digestiva inicial y la evolución posterior del rendimiento cognitivo.
Tras ajustar estadísticamente por edad, raza, nivel educativo, depresión, número de enfermedades concomitantes, tipo y duración de EII y puntuación cognitiva inicial, encontraron que presentar una EII sintomáticamente activa al comienzo se asociaba con mayores posibilidades de empeorar posteriormente en MoCA.
La asociación tuvo una odds ratio ajustada de 3,01, con un intervalo de confianza del 95 % entre 1,20 y 7,50. Dicho de forma comprensible, los participantes con síntomas intestinales activos presentaban aproximadamente el triple de odds ajustadas de empeoramiento en la prueba cognitiva respecto a los participantes utilizados como referencia.
Sin embargo, una odds ratio no equivale directamente a un riesgo relativo. Por tanto, sería incorrecto convertir este resultado en titulares como «el Crohn triplica el riesgo de demencia», porque el estudio no evaluó ni demostró semejante afirmación.
Existe además otro matiz esencial: los investigadores describieron la actividad de la EII como actividad sintomática. Esto no equivale necesariamente a haber demostrado inflamación intestinal objetiva mediante endoscopia, calprotectina fecal o pruebas de imagen en todos los participantes.
En otras palabras, el estudio relacionó síntomas digestivos activos con cambios cognitivos posteriores, pero no estableció que una determinada cantidad de inflamación intestinal produjera directamente esos cambios.
Los problemas iniciales de memoria también se asociaron con síntomas digestivos posteriores
El segundo hallazgo del estudio resulta especialmente interesante para comprender por qué los autores utilizaron el concepto de relación bidireccional.
Los participantes que presentaban déficits iniciales de recuerdo diferido mostraron mayores posibilidades de tener una EII sintomáticamente activa durante el seguimiento. La asociación tuvo una odds ratio ajustada de 2,22, con un intervalo de confianza del 95 % entre 1,10 y 4,47.
El recuerdo diferido es una función cognitiva que permite recuperar información después de que haya transcurrido cierto tiempo desde su aprendizaje. Por ejemplo, recordar varias palabras presentadas durante una prueba después de realizar otras tareas.
Estos resultados sugieren que el rendimiento en determinadas funciones de memoria y la actividad sintomática intestinal pueden relacionarse a lo largo del tiempo. Sin embargo, no podemos concluir que una dificultad de memoria provoque un brote de Crohn o colitis ulcerosa, ni utilizar una puntuación baja de recuerdo diferido como un biomarcador validado de actividad intestinal.
La investigación identifica una asociación clínicamente interesante y plantea una hipótesis que necesita nuevos estudios para ser comprendida.
¿Existe una relación bidireccional entre el intestino y la memoria?
Cuando hablamos del eje intestino-cerebro, nos referimos a una red de comunicación en la que participan el sistema nervioso central, el sistema nervioso entérico, el sistema nervioso autónomo, diferentes hormonas, el sistema inmunitario y la microbiota intestinal.
Esta comunicación es fisiológicamente bidireccional. El cerebro puede modificar determinadas funciones digestivas, como la motilidad, la secreción y la sensibilidad visceral, mientras que diferentes señales procedentes del aparato digestivo pueden influir en procesos regulados por el sistema nervioso central.
Sin embargo, debemos distinguir entre dos afirmaciones que parecen similares, pero científicamente son diferentes. Una cosa es saber que existe comunicación biológica bidireccional entre intestino y cerebro y otra muy distinta demostrar que, en la enfermedad inflamatoria intestinal, una alteración concreta de la memoria cause síntomas digestivos o viceversa.
El estudio de Kochar encontró asociaciones temporales en ambas direcciones. Esto significa que una característica presente al comienzo del seguimiento se relacionaba estadísticamente con un resultado posterior, pero no permite identificar automáticamente qué mecanismos fueron responsables.
Por ejemplo, es posible que determinados factores compartidos, como el envejecimiento, la carga de enfermedad, los trastornos del sueño, la depresión o diferentes comorbilidades, contribuyan a ambas situaciones. También podrían intervenir mecanismos inmunológicos o neuroendocrinos, pero este estudio no estaba diseñado para establecer cuál de esas explicaciones era correcta.
Si quieres profundizar en esta comunicación fisiológica, puedes consultar mi artículo sobre la conexión intestino-cerebro y enfermedad de Crohn, donde explico diferentes vías de interacción entre ambos sistemas.
Inflamación intestinal y cerebro: ¿qué mecanismos podrían explicar esta relación?
La posibilidad de que exista una asociación entre actividad intestinal y rendimiento cognitivo plantea una pregunta especialmente interesante: ¿cómo podría una enfermedad localizada principalmente en el aparato digestivo relacionarse con procesos como la atención o la memoria?
No existe una explicación única demostrada. Sin embargo, diferentes investigaciones han explorado mecanismos relacionados con la inflamación sistémica, la señalización inmunitaria, el sistema nervioso autónomo y los metabolitos producidos por la microbiota intestinal.
Citocinas inflamatorias y comunicación neuroinmunitaria
Durante una respuesta inflamatoria participan diferentes moléculas de señalización, entre ellas citocinas como la interleucina 6 (IL-6) y el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α). Estas moléculas intervienen en procesos inmunológicos complejos y algunas vías inflamatorias periféricas pueden comunicarse con el sistema nervioso central.
Esta comunicación podría contribuir a modificar determinadas funciones relacionadas con el sueño, el comportamiento, la fatiga o el procesamiento cognitivo. No obstante, que exista plausibilidad biológica no significa que podamos atribuir los resultados del estudio de 2026 a una citocina concreta.
Una investigación publicada en 2017 examinó a 49 personas con enfermedad de Crohn y 31 controles. Sus autores observaron tiempos de respuesta más lentos en una prueba cognitiva entre los participantes con Crohn, así como asociaciones con proteína C reactiva, dolor abdominal y fatiga. Curiosamente, también encontraron una relación inesperada entre mayor calprotectina fecal y tiempos de respuesta más rápidos, algo que demuestra que los resultados no son siempre lineales ni fáciles de interpretar.
Este trabajo, disponible en PubMed, respalda la necesidad de seguir investigando la relación entre inflamación sistémica, síntomas y rendimiento cognitivo, pero no permite establecer una cadena causal sencilla.
El eje intestino-cerebro y el sistema nervioso autónomo
El sistema nervioso autónomo participa en la regulación de numerosas funciones viscerales y establece diferentes vías de comunicación entre órganos y sistema nervioso central.
Dentro de este sistema, el nervio vago constituye una de las principales vías de comunicación entre las vísceras y el tronco encefálico. Sus fibras aferentes transportan información desde diferentes estructuras corporales, mientras que sus vías eferentes participan en funciones reguladoras de diversos órganos.
Estas conexiones ayudan a comprender por qué el organismo no funciona como una suma de compartimentos independientes. Un cambio intestinal puede acompañarse de modificaciones en sensaciones corporales, estado de alerta, fatiga o comportamiento, aunque eso no implica que cada señal visceral se traduzca directamente en una alteración de la memoria.
También debemos recordar que la percepción de los síntomas intestinales puede estar modulada por procesos centrales relacionados con la atención, la expectativa y las experiencias previas. Esta cuestión conecta con el estudio de la interocepción y con la necesidad de comprender el organismo como un sistema integrado.
En mi artículo sobre estrés en Crohn y colitis desarrollo cómo la activación fisiológica, el sueño y la interpretación de determinadas señales corporales pueden modificar la experiencia de los síntomas digestivos.
Microbiota intestinal y metabolismo del triptófano
La microbiota intestinal también constituye una línea de investigación relevante. Determinados microorganismos participan en la transformación de nutrientes y en la producción de metabolitos capaces de interactuar con funciones inmunológicas y metabólicas del organismo.
Entre las vías estudiadas encontramos el metabolismo del triptófano, la producción de determinados ácidos grasos de cadena corta y las interacciones entre microbiota, barrera intestinal y sistema inmunitario. Algunos de estos procesos podrían participar indirectamente en la comunicación intestino-cerebro.
Sin embargo, debemos evitar una interpretación excesivamente simplista. No disponemos de evidencia suficiente para afirmar que un determinado perfil de microbiota explique los problemas de memoria de las personas con Crohn, ni que tomar un probiótico específico permita prevenir el deterioro cognitivo.
La microbiota representa una línea de investigación prometedora, pero todavía necesitamos estudios humanos capaces de relacionar mecanismos concretos con resultados cognitivos clínicamente relevantes.
Niebla mental, fatiga y deterioro cognitivo: ¿qué sabemos realmente?
La fatiga es una de las manifestaciones más frecuentes y limitantes de la enfermedad inflamatoria intestinal. Puede aparecer durante los periodos de actividad, pero también persistir durante la remisión, incluso cuando determinados indicadores digestivos muestran una evolución favorable.
Conviene distinguir la sensación subjetiva de agotamiento de las alteraciones objetivas del rendimiento cognitivo. Una persona puede necesitar más esfuerzo para concentrarse porque duerme mal, experimenta dolor o se encuentra agotada, sin que necesariamente exista un deterioro de sus capacidades cognitivas a largo plazo.
Una investigación publicada online en diciembre de 2024 y recogida en el volumen de enero de 2025 de Crohn’s & Colitis 360 analizó a 25 adultos con enfermedad de Crohn y 26 controles sanos. Los participantes con Crohn refirieron una mayor fatiga, pero los investigadores no encontraron diferencias generales significativas en velocidad o precisión cognitiva entre ambos grupos.
Al analizar únicamente a las personas con Crohn, sí observaron que la actividad sintomática se asociaba con tiempos de respuesta más lentos en determinadas tareas de memoria episódica y cognición social. La actividad endoscópica también mostró asociaciones con mayor lentitud en algunas tareas, incluso después de ajustar por fatiga.
Este resultado, disponible en el estudio de Bonhomme y colaboradores, introduce una distinción importante. La fatiga y el rendimiento cognitivo pueden relacionarse, pero no son exactamente el mismo fenómeno y una no explica necesariamente por completo a la otra.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2021 también encontró diferencias en atención, funciones ejecutivas y memoria de trabajo entre personas con EII y controles sanos. Sin embargo, los estudios incluidos eran principalmente transversales, tenían muestras relativamente pequeñas y generalmente excluían a adultos mayores y a personas con EII activa.
Por tanto, la evidencia global sugiere que determinadas funciones cognitivas podrían verse afectadas en algunos grupos de pacientes con EII, pero todavía no permite establecer una trayectoria de deterioro universal ni predecir qué ocurrirá con cada persona.
¿Qué otras causas pueden explicar los problemas de memoria en Crohn y colitis ulcerosa?
Uno de los principales riesgos al interpretar estos estudios consiste en atribuir cualquier dificultad cognitiva directamente a la inflamación intestinal. En la práctica clínica, los problemas de memoria y concentración pueden tener múltiples explicaciones, algunas de ellas potencialmente reversibles o tratables.
En personas con enfermedad inflamatoria intestinal debemos considerar especialmente el estado nutricional. La anemia, el déficit de hierro, las alteraciones de vitamina B12 y folato o determinadas situaciones de malabsorción pueden contribuir al cansancio, las dificultades de concentración y otros síntomas neurológicos o generales.
La vitamina B12 merece especial atención en pacientes con enfermedad de Crohn que afecta al íleon terminal o que han sido sometidos a determinadas resecciones intestinales. Esto no significa que todas las personas con Crohn necesiten suplementarse automáticamente, sino que existen contextos clínicos en los que evaluar sus niveles puede resultar especialmente importante.
El descanso también ocupa un lugar central. Dormir de manera insuficiente o fragmentada puede afectar a la consolidación de recuerdos, la atención sostenida, la velocidad de procesamiento y la regulación emocional. Una persona que se despierta varias veces cada noche por dolor o urgencia intestinal puede experimentar dificultades cognitivas durante el día sin que ello implique necesariamente una enfermedad neurodegenerativa.
A esto se añaden otras circunstancias, como síntomas depresivos, ansiedad, efectos secundarios de determinados medicamentos, alteraciones tiroideas, dificultades auditivas, enfermedades vasculares y otros procesos asociados al envejecimiento.
Por eso, una evaluación adecuada no debería limitarse a preguntar por la memoria y solicitar una calprotectina fecal. Es necesario comprender el contexto clínico completo de la persona, revisar la medicación y valorar qué factores podrían estar contribuyendo.
En mi artículo sobre salud mental en EII: estrés, inmunidad y dopamina explico por qué la remisión digestiva y la recuperación del bienestar emocional no siempre evolucionan al mismo ritmo.
También puedes profundizar en la relación entre depresión y enfermedad inflamatoria intestinal, especialmente cuando existen síntomas de cansancio, baja motivación o dificultades de concentración.
¿Una persona con enfermedad de Crohn tiene mayor riesgo de demencia?
Esta pregunta debe responderse con especial prudencia porque es fácil confundir tres situaciones diferentes: experimentar olvidos, presentar un resultado anormal en una prueba cognitiva y recibir un diagnóstico de demencia.
El estudio de Kochar no investigó directamente si la enfermedad de Crohn provoca demencia. Su objetivo principal fue analizar cambios en el rendimiento cognitivo de adultos mayores con EII y su relación con la actividad sintomática intestinal.
Por otra parte, un metaanálisis publicado en Scientific Reports en 2025 reunió diez estudios poblacionales con aproximadamente 7,9 millones de participantes, de los cuales más de 269.000 tenían EII. Al combinar ocho de esos estudios, los autores encontraron una asociación estadística modesta entre EII y demencia, con una odds ratio de 1,17.
Sin embargo, la heterogeneidad entre estudios fue muy elevada, lo que indica que sus resultados diferían considerablemente. Además, no encontraron una asociación estadísticamente significativa específica con enfermedad de Alzheimer en el análisis correspondiente.
Por tanto, aunque existen señales epidemiológicas que justifican seguir investigando la relación entre EII y deterioro cognitivo, no disponemos de evidencia suficiente para afirmar que la enfermedad de Crohn cause demencia o que una persona concreta vaya a desarrollarla por tener inflamación intestinal.
Una revisión sistemática publicada en mayo de 2026 en Journal of Crohn’s and Colitis también examinó investigaciones clínicas, epidemiológicas, genéticas y preclínicas sobre EII y cognición. Sus autores identificaron posibles relaciones con inflamación crónica, actividad de la enfermedad y factores psicológicos, pero subrayaron la necesidad de estudios longitudinales y ensayos clínicos para aclarar los mecanismos y las posibles estrategias preventivas.
En definitiva, tener Crohn no debe interpretarse como un pronóstico de deterioro cognitivo inevitable. La evidencia invita a prestar más atención a la salud cerebral, no a anticipar una enfermedad neurodegenerativa que puede no aparecer nunca.
¿Controlar la inflamación intestinal puede mejorar la memoria?
Esta es una de las preguntas más relevantes desde el punto de vista clínico. Si la actividad sintomática de la EII se asocia con peores resultados cognitivos, podría parecer razonable concluir que controlar la inflamación mejorará automáticamente la memoria.
Sin embargo, el estudio de Kochar no demuestra eso. Los investigadores no realizaron una intervención destinada a reducir la inflamación para comprobar si posteriormente mejoraba el rendimiento cognitivo, y tampoco identificaron una relación causal directa entre inflamación objetiva y deterioro de memoria.
El tratamiento adecuado de Crohn y colitis ulcerosa sigue siendo fundamental para controlar la enfermedad, prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida. Pero no debemos presentar la prevención del deterioro cognitivo como un beneficio demostrado de cualquier tratamiento antiinflamatorio de la EII.
Esto no significa que debamos ignorar otros factores modificables. Si una persona presenta anemia, déficit de vitamina B12, alteraciones del sueño, dolor persistente o síntomas depresivos, identificar y tratar esos problemas puede resultar importante para mejorar su funcionamiento diario.
También resulta razonable mantener una alimentación nutricionalmente suficiente, adaptar la actividad física a la situación clínica y revisar los tratamientos que puedan interferir con el sueño, la atención o el estado general.
En mi artículo sobre inflamación crónica de bajo grado en Crohn y colitis puedes profundizar en la importancia de interpretar correctamente los diferentes procesos inflamatorios sin reducirlos a una única causa o a un solo marcador.
La estrategia más sensata no consiste en buscar un suplemento para la memoria, sino en comprender qué factores concretos pueden estar condicionando el estado cognitivo de cada persona y abordarlos cuando sea posible.
Personas mayores con EII: ¿cuándo conviene evaluar la memoria?
El envejecimiento puede acompañarse de cambios en determinadas funciones cognitivas, pero eso no significa que cualquier dificultad de memoria deba considerarse normal. Especialmente cuando los cambios aparecen de manera progresiva o empiezan a interferir con la autonomía, conviene valorar sus posibles causas.
En personas mayores con Crohn o colitis ulcerosa puede resultar útil prestar atención a dificultades nuevas para recordar instrucciones médicas, organizar la medicación, gestionar citas, mantener conversaciones o realizar tareas habituales que antes se desarrollaban sin problemas.
También es importante escuchar las observaciones de familiares o personas cercanas. En ocasiones, quienes conviven con el paciente detectan cambios funcionales que este no reconoce con la misma claridad.
Cuando existen sospechas clínicas, el médico puede realizar una valoración inicial y decidir si resulta apropiado utilizar herramientas de cribado como MoCA o solicitar una evaluación neuropsicológica más completa.
El objetivo no debería ser realizar pruebas indiscriminadas a todas las personas con Crohn, sino incorporar las preguntas sobre memoria y funcionamiento cotidiano cuando exista una razón clínica para hacerlo, especialmente en pacientes mayores o con factores de riesgo adicionales.
Una confusión que aparece de forma repentina, particularmente si se acompaña de fiebre, alteraciones importantes del estado general o síntomas neurológicos agudos, requiere una valoración urgente y no debe interpretarse como un simple problema de memoria asociado a la edad.
¿Cuáles son las limitaciones del estudio de 2026?
Aunque los resultados son interesantes, existen varias limitaciones que debemos comprender antes de trasladarlos a recomendaciones clínicas generales.
La primera es su naturaleza observacional. Los investigadores identificaron asociaciones estadísticas entre determinadas características iniciales y resultados posteriores, pero no realizaron una intervención experimental. Por tanto, no pueden demostrar que modificar una de esas variables produzca necesariamente cambios en la otra.
La segunda limitación tiene que ver con la población estudiada. Todos los participantes tenían al menos 60 años y el 66 % contaba con estudios universitarios de grado o superiores. Esto limita la posibilidad de extrapolar directamente los resultados a personas más jóvenes, con características educativas diferentes o atendidas en otros contextos sanitarios.
También debemos tener presente que la actividad de la enfermedad descrita en el análisis principal era sintomática. La presencia de dolor, diarrea o molestias digestivas no siempre se corresponde exactamente con el grado de inflamación objetivamente medido mediante biomarcadores, endoscopia o pruebas de imagen.
Otra limitación importante es que MoCA constituye una herramienta de cribado y no una evaluación neuropsicológica exhaustiva. Los cambios en su puntuación pueden verse afectados por diferentes circunstancias, incluida la familiaridad con la prueba cuando se repite, sin que podamos determinar a partir del resumen cuánto influyó cada factor en los resultados.
Además, el seguimiento se integró en la práctica clínica habitual, lo que puede introducir variaciones en los momentos de evaluación y posibles problemas relacionados con los datos disponibles.
Finalmente, aunque los investigadores ajustaron sus análisis por diferentes variables, siempre existe la posibilidad de que factores no medidos contribuyan a las asociaciones observadas.
Estas limitaciones no invalidan la investigación. Simplemente definen con mayor precisión qué podemos concluir y qué cuestiones siguen necesitando respuesta.
¿Qué cambia realmente este estudio para las personas con Crohn y colitis ulcerosa?
La principal aportación de esta investigación no es demostrar que la inflamación intestinal provoque deterioro cognitivo, sino recordar que la salud cognitiva merece mayor atención dentro del seguimiento integral de las personas mayores con EII.
Durante demasiado tiempo hemos evaluado el éxito del tratamiento principalmente a través de variables digestivas, como la frecuencia de las deposiciones, el dolor abdominal, la calprotectina o las lesiones endoscópicas. Todas ellas son importantes, pero no describen por completo cómo funciona y se siente una persona en su vida cotidiana.
Poder recordar información, organizar la medicación, mantener la atención y tomar decisiones también forma parte de la autonomía personal y de la calidad de vida.
Por eso, este estudio invita a incorporar preguntas sobre memoria, concentración y funcionamiento cognitivo cuando estén clínicamente justificadas, además de revisar factores potencialmente reversibles y coordinar una valoración especializada cuando sea necesaria.
También nos recuerda que las dificultades cognitivas no deben atribuirse automáticamente al envejecimiento, al estrés o a la propia enfermedad intestinal sin una evaluación adecuada.
La medicina integral no consiste en afirmar que todo está conectado y utilizar esa afirmación para explicar cualquier síntoma. Consiste en reconocer que pueden existir relaciones entre sistemas, investigar cuáles están demostradas y evitar conclusiones que todavía no permite la evidencia.
Preguntas frecuentes sobre enfermedad de Crohn y memoria
¿La enfermedad de Crohn puede provocar problemas de memoria?
Algunos estudios han encontrado asociaciones entre enfermedad de Crohn y dificultades en determinados dominios cognitivos, como atención, funciones ejecutivas y velocidad de procesamiento. Sin embargo, todavía no se ha demostrado que la inflamación intestinal sea la causa directa de todos esos problemas. Factores como fatiga, anemia, déficit de vitamina B12, sueño y salud emocional también pueden contribuir.
¿Qué es la niebla mental en la enfermedad de Crohn?
La niebla mental es una expresión utilizada para describir dificultades subjetivas de concentración, sensación de lentitud mental, olvidos o problemas para procesar información. No constituye por sí misma un diagnóstico de deterioro cognitivo. Su aparición puede relacionarse con múltiples circunstancias, por lo que resulta importante estudiar el contexto clínico.
¿Una calprotectina alta significa que mi memoria puede empeorar?
No. La calprotectina fecal ayuda a evaluar inflamación intestinal, pero no es una prueba que permita predecir individualmente la evolución de la memoria. El estudio de Kochar analizó principalmente actividad sintomática y cambios cognitivos, por lo que no valida utilizar la calprotectina como predictor de deterioro cognitivo.
¿La colitis ulcerosa también puede relacionarse con problemas cognitivos?
Sí, algunas investigaciones incluyen tanto enfermedad de Crohn como colitis ulcerosa y han identificado asociaciones con dificultades cognitivas. Sin embargo, los resultados dependen de la población estudiada, las pruebas utilizadas y otros factores clínicos. Todavía necesitamos estudios que permitan identificar mejor las diferencias entre ambas enfermedades.
¿El Crohn aumenta el riesgo de Alzheimer?
Actualmente no podemos afirmar que la enfermedad de Crohn cause Alzheimer. Algunos estudios epidemiológicos han explorado la relación entre EII y demencia, pero los resultados son heterogéneos. Un metaanálisis publicado en 2025 no encontró una asociación estadísticamente significativa específica con enfermedad de Alzheimer.
¿Pueden los problemas de memoria mejorar cuando el Crohn entra en remisión?
Es posible que determinadas dificultades de concentración relacionadas con fatiga, dolor, mal descanso o déficits nutricionales mejoren cuando esos problemas se controlan. Sin embargo, el estudio de 2026 no demuestra que alcanzar la remisión intestinal revierta un deterioro cognitivo ni que prevenga el desarrollo de demencia.
¿Puede el déficit de vitamina B12 afectar a la memoria?
Sí. Un déficit de vitamina B12 puede asociarse con alteraciones neurológicas y cognitivas, entre otras manifestaciones. En personas con Crohn ileal o determinadas resecciones intestinales puede existir un riesgo aumentado de deficiencia, por lo que conviene valorar esta posibilidad cuando el contexto clínico lo justifique.
¿Cuándo debería consultar por problemas de memoria si tengo EII?
Conviene solicitar una valoración cuando los olvidos son nuevos, persistentes, progresivos o interfieren con las actividades habituales. También cuando aparecen dificultades para organizar la medicación, mantener conversaciones, gestionar responsabilidades o realizar tareas que anteriormente no suponían ningún problema. La evaluación debe considerar causas nutricionales, farmacológicas, emocionales, neurológicas y otras condiciones médicas.
Conclusión: la relación entre enfermedad de Crohn y memoria merece más investigación
La relación entre enfermedad de Crohn y memoria representa una línea de investigación que puede ayudar a comprender mejor las consecuencias de vivir con una enfermedad inflamatoria intestinal, especialmente durante el envejecimiento.
El estudio publicado por Kochar y colaboradores en 2026 encontró que la actividad sintomática de la EII se asociaba con una mayor probabilidad de empeoramiento posterior del rendimiento cognitivo en adultos mayores. También observó que determinadas dificultades iniciales de recuerdo diferido se relacionaban con actividad intestinal sintomática posterior.
Estos resultados refuerzan la necesidad de considerar la salud cognitiva dentro del seguimiento de las personas mayores con EII, pero no demuestran que la inflamación intestinal provoque directamente deterioro cognitivo ni que los problemas de memoria desencadenen brotes.
La investigación sobre el eje intestino-cerebro, la neuroinmunología y la microbiota ofrece posibles explicaciones biológicas, aunque todavía necesitamos estudios que permitan diferenciar asociaciones estadísticas de mecanismos causales.
Mientras tanto, la recomendación más razonable es mantener un seguimiento adecuado de la enfermedad intestinal, prestar atención al sueño, la nutrición y la salud emocional, y valorar clínicamente cualquier cambio cognitivo relevante.
Porque vivir mejor con enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa no consiste únicamente en controlar los síntomas digestivos. También implica proteger la autonomía, la capacidad de participar en la vida cotidiana y aquellas funciones que nos permiten aprender, recordar, relacionarnos y tomar decisiones.
Y para conseguirlo, la ciencia necesita seguir investigando sin convertir hipótesis prometedoras en certezas antes de tiempo.
Referencias científicas
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6. Motisi Bertulli A, Bezzio C, Marsano S, et al. (2026). Does inflammatory bowel disease play a role in cognitive decline? A systematic review. Journal of Crohn’s and Colitis. DOI: 10.1093/ecco-jcc/jjag057. Consultar en PubMed.
Autor: Juan Antonio Fernández Pérez
Última actualización: 19 de octubre de 2026
Este artículo tiene finalidad divulgativa y educativa. No sustituye la valoración médica, el diagnóstico neurológico o neuropsicológico ni el seguimiento por parte de un especialista en aparato digestivo. Las investigaciones citadas describen asociaciones y posibles mecanismos que no deben interpretarse automáticamente como relaciones causales demostradas.
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